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La atención es la única ventaja que no te pueden copiar

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Hay una pregunta que vale la pena hacerse una vez, con honestidad: ¿por qué un cliente te elige a vos y no al de la vuelta?

Las respuestas más comunes son el precio, la calidad, el local, los años de experiencia, todas respuestas razonables cuyo problema es que ninguna es difícil de igualar.

Y en un mercado donde igualar es cada vez más fácil y más rápido, construir sobre algo que se puede copiar es construir sobre arena.

Todo lo demás se puede igualar

El precio lo igualan en 24 horas: si bajás, el de la vuelta baja también, y si ofrecés algo premium, en unos meses hay dos opciones más en el barrio con el mismo discurso. El local nuevo que abre con todo renovado tiene exactamente las mismas máquinas que el que cerró, porque los proveedores son los mismos para todos y el equipamiento se consigue.

El cliente que te elige por precio es el cliente menos leal que existe, porque hoy te elige a vos y mañana, si aparece algo más barato, se va sin culpa, ya que la relación que construiste con él fue de precio, no de confianza. El precio bajo es una promesa que tenés que sostener para siempre, y en cuanto no podés, perdés exactamente al cliente que atrajiste.

La calidad y el local funcionan igual: son cosas que se declaran y cualquiera puede declararlas, mientras que lo que no se declara, lo que no se puede copiar en ninguna planilla, es lo que el cliente sintió cuando lo atendieron.

Lo que el cliente recuerda no es lo que compró

Un cliente no recuerda el precio que pagó hace seis meses, recuerda cómo se sintió cuando lo atendieron: el mecánico que explicó el problema sin apurarse, con la misma tranquilidad de quien tiene tiempo aunque no lo tenga; la farmacia que buscó el medicamento alternativo cuando no había stock en lugar de decir "no tenemos"; la contadora que respondió el sábado antes de que venciera el plazo.

Esas cosas no se olvidan y no se compran, porque no hay campaña de publicidad que genere lo que genera una buena respuesta en el momento justo, ni hay descuento que construya lo que construye la acumulación de momentos en que el negocio estuvo.

La fidelidad es el resultado natural de que alguien, cada vez que te buscó, encontró del otro lado a alguien que se hizo cargo, y ese historial es el único activo que el negocio de la vuelta no puede replicar porque puede tener los mismos precios, el mismo local renovado, los mismos productos, pero no puede tener el historial que vos construiste.

La atención no se compra. Se construye.

La atención tiene una diferencia con cualquier otro diferencial: requiere presencia sostenida, no inversión sostenida. Un local nuevo cuesta plata, una campaña publicitaria cuesta plata, bajar el precio cuesta margen, pero la atención cuesta tiempo y disposición, que no se tercerizan de la misma manera ni se consiguen con una sola decisión de compra.

Eso tiene una cara negativa: la atención que se construye durante años se puede erosionar rápido cuando no respondés, cuando demorás, cuando atendés sin atender, y la ventaja que tardó años en construirse se deteriora mucho más rápido de lo que se construyó.

Y tiene una cara positiva que vale más: cada vez que un cliente se va bien atendido, la próxima vez que tenga que elegir ya tiene una respuesta, no compara, no busca, ya tiene el suyo. Ese mecanismo no funciona con ningún otro diferencial, porque el cliente que encontró el precio más barato hoy busca el precio más barato mañana, mientras que el que encontró buena atención vuelve sin buscar.

¿En qué estás construyendo vos?

Atiende es un número que atiende por vos. Cuando no podés estar, tu negocio sigue hablando. Hablemos.